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Dúo de Rosas Eternas en Cúpula

Precio regular €90,00
Precio de venta €90,00 Precio regular
Vendido
Impuesto incluido.

Una cúpula única que encierra dos rosas eternas rojas: una declaración doble de amor que perdura en el tiempo. Perfecta para simbolizar la unión, el compromiso o la complicidad. Llega con envío seguro y presentación de lujo.

Origen: Ecuador

Dos rosas, un solo latido

Dos rosas, un solo latido

Cada rosa tiene su propio lenguaje, pero cuando dos aparecen juntas en una misma cúpula, el mensaje se potencia: una conexión que va más allá del tiempo. Las dos rosas rojas simbolizan no solo amor, sino también reciprocidad, alianza, compromiso. Son el reflejo perfecto de una relación donde ambos sienten, cuidan y permanecen.

Esta composición convierte la belleza natural en un símbolo eterno. El cristal que las envuelve es un gesto de protección, de cuidado, de delicadeza. Como el amor que no se grita, pero que se demuestra en los detalles.

Regalar esta cúpula es decir “te elijo cada día” de forma tangible, sin necesidad de palabras. Es dejar una huella en el espacio y en la memoria de quien la recibe.

La armonía entre ambas rosas también habla de equilibrio y respeto: dos flores iguales, con fuerza propia, coexistiendo en un mismo lugar, creciendo juntas sin perder su esencia.

De Ecuador a España

Rosa natural preservada de Ecuador, seleccionada por su calidad, tamaño y tono. El proceso de preservación se realiza de forma ecológica para garantizar años de durabilidad manteniendo el aspecto fresco y natural.

Montada artesanalmente en España con materiales de alta calidad.

Una historia que late por dos

Hay momentos en la vida que merecen ser celebrados con algo más que palabras. Esta cúpula con dos rosas eternas es ese gesto que lo dice todo. Desde su diseño simétrico y elegante, hasta la forma en que se elevan juntas dentro del cristal, todo en ella habla de unión.

Quizás fue un aniversario, quizás una reconciliación, quizás un “te quiero” espontáneo. No importa el motivo: esta cúpula siempre encuentra su lugar.

En un rincón especial del hogar o sobre una mesa compartida, se convierte en testigo silencioso de una relación auténtica. Un objeto con alma que transforma cualquier espacio con su presencia.

Cada vez que se mira, se revive el sentimiento. Porque hay regalos que decoran... y otros que permanecen.